Por suerte para el mochilero, todas las grandes ciudades esconden algún rincón donde uno puede sentirse parte de lo exótico del lugar. Sitios donde las fronteras, las características propias del turista y la razón quedan en un segundo plano casi difuminado. Existen recovecos urbanos, como el barrio Santa Teresa, donde solo se permite sentir y disfrutar la dulzura de lo bohemio.
Y el caso es que aunque la comunicación boca a boca sea, por excelencia, la peor enemiga de los lugares con encanto, la multitud no ha podido acabar aún con el que se desprende de estas pedregosas, empinadas y coloridas calles del centro de Río de Janeiro.
Aquí al extranjero se le permite dejar de serlo. Durante unas horas puede disfrutar del lujo de dejar su cámara, sus sandalias y sus cuatro ojos por y para la propia seguridad a un lado y mover los pies, como por arte de magia, al son de la samba del pueblo. Puede gozar del rico sabor de una caipirinha con maracuyá a precio local sin localizar un pasaporte similar a diez cuadras a la redonda.
En Santa Teresa no hay lugar para las apariencias, para los escaparates o para las tiendas de souvenirs que contaminan al Cristo Redentor de Corcovado. Ser humano. Ser humano es lo único que cuenta en Santa Teresa.
Noelia Vera.
Que bueno!! Que envidia, nunca sana....
ResponderEliminarDisfrutad de este inolvidable viaje!!