Recife, Brasil.
Mezcla cachaça (el ingrediente principal) con clavo, hierba dulce, gengibre y miel, moviéndote al ritmo del reggae y poniendo mucha energía. Así obtendrás Axé, una bebida africana que significa energía positiva, la misma que caracteriza a los brasileros y que saben transimtir con tanta alegría.
Ronaldo, vendedor ambulante de Axé, nos cuenta en qué consiste:
Alma Toranzo
31 de enero de 2010
30 de enero de 2010
La favela, un problema social
Recife, Brasil.
Que los mitos son traicioneros es una realidad que uno experimenta cuando visita una favela brasilera. Lejos de ser atacado, robado o incitado al consumo de drogas, el paseo por los estrechos recovecos de la ladera transcurre tranquilo al entrar la noche.
En Alto de Santa Terezinha, un barrio periférico de Recife, capital de Pernambuco, la vida está en la calle. Sus habitantes comparten sus buenas energías al son de la samba y el reggae, al margen de los horarios y las responsabilidades. Si hay algo que marca la filosofía en una favela es el companerismo y el cuidado por la familia.
"La preocupación por los ninos es constante, sino dónde estarían y qué estarían haciendo", asegura a Voces de América Latina Ronaldo, voluntario en la escuela CSU Aufranio Godoy. En este Centro de Juventud los ninos y jóvenes de 4 a 25 anos aprenden a ocupar su tiempo y talento en actividades como la capoeria, la danza afro o la percusión, una forma de mantenerse alejados de las drogas, la violencia o la marginalidad que han dado fama a las favelas internacionalmente.
Más de veinte maestros voluntarios y 300 alumnos se reúnen cada días en este espacio, que además de contar con 12 aulas, campo de fútbol y piscina, proporciona guardería y ayuda psicológica a los menores con problemas de drogas. "En la escuela también se trabaja para eliminar la desigualdad social y para darle importancia a las personas como tales, por encima de su color de piel", dice a Voces Ronaldo, maestro de percusion. El proyecto, financiado tanto por el gobierno del Estado de Pernambuco como por las propias donaciones de los habitantes de Santa Terezinha, no solo está enfocado al ocio sino también a la concienciación de los ninos sobre temas como la violencia o el racismo.
Todos los vecinos son conscientes de que la favela es un problema social y por eso, lejos de quedarse con los brazos cruzados, reaccionan y sacan adelante a los suyos no sólo a través de la escuela, sino mediante todo tipo de asociaciones y movimientos sociales y culturales.
Alma Toranzo y Noelia Vera.
Que los mitos son traicioneros es una realidad que uno experimenta cuando visita una favela brasilera. Lejos de ser atacado, robado o incitado al consumo de drogas, el paseo por los estrechos recovecos de la ladera transcurre tranquilo al entrar la noche.
En Alto de Santa Terezinha, un barrio periférico de Recife, capital de Pernambuco, la vida está en la calle. Sus habitantes comparten sus buenas energías al son de la samba y el reggae, al margen de los horarios y las responsabilidades. Si hay algo que marca la filosofía en una favela es el companerismo y el cuidado por la familia.
"La preocupación por los ninos es constante, sino dónde estarían y qué estarían haciendo", asegura a Voces de América Latina Ronaldo, voluntario en la escuela CSU Aufranio Godoy. En este Centro de Juventud los ninos y jóvenes de 4 a 25 anos aprenden a ocupar su tiempo y talento en actividades como la capoeria, la danza afro o la percusión, una forma de mantenerse alejados de las drogas, la violencia o la marginalidad que han dado fama a las favelas internacionalmente.
Más de veinte maestros voluntarios y 300 alumnos se reúnen cada días en este espacio, que además de contar con 12 aulas, campo de fútbol y piscina, proporciona guardería y ayuda psicológica a los menores con problemas de drogas. "En la escuela también se trabaja para eliminar la desigualdad social y para darle importancia a las personas como tales, por encima de su color de piel", dice a Voces Ronaldo, maestro de percusion. El proyecto, financiado tanto por el gobierno del Estado de Pernambuco como por las propias donaciones de los habitantes de Santa Terezinha, no solo está enfocado al ocio sino también a la concienciación de los ninos sobre temas como la violencia o el racismo.
Todos los vecinos son conscientes de que la favela es un problema social y por eso, lejos de quedarse con los brazos cruzados, reaccionan y sacan adelante a los suyos no sólo a través de la escuela, sino mediante todo tipo de asociaciones y movimientos sociales y culturales.
Alma Toranzo y Noelia Vera.
Aún se puede ser hippie
Salvador de Bahía, Brasil.
Allá por 1960 un grupo de anti capitalistas encontraron su pequeno paraíso independiente a tan sólo 60 kilómetros de Salvador de Bahía, capital de la percusión brasilera. Así, 40 casas hechas de madera y hojas de cocotero se instalaron en medio de una playa desierta que, a pesar de la afluencia de turismo mochilero neo hippie, aún mantiene su axé (energía positiva).
No es de extranar que ídolos del hippismo sesentero como Janis Joplin decidieran esconderse entre las montanas de arena blanca y fina de esta aldea, ni que inevitablemente en 2010, haya acabado por aparecer en las guías turísticas de este país.
Criticados por considerarse independientes mientras frecuentan los hipermercados del pueblo más cercano para hacerse con los productos del sistema, la comuna hippie más antigua de América Latina ha conseguido la acpetación de la mayoría salvadorena por seguir un modo de vida relacionado únicamente con el respeto, tanto al prójimo como a la madre naturaleza.
"Yo llevo 21 anos viviendo en esta playa y todo el que quiera puede quedarse en mi casa a pasar cuánto quiera", dijo a Voces de América Latina "Indio", uno de los habitantes más veteranos de la aldea.
"Hay algunos que cobran a los que quieren quedarse, pero en mi casa todo es gratis, esa es la filosofía de vida que aún nos mantiene y por la que venimos luchando desde hace tanto tiempo", anadió.
Y respetar implica respetar que el visitante que llegue a la aldea pueda quedarse unos días gratuitamente para entrar en equilibrio con la "pacha mama" siempre y cuando no moleste a nadie. También implica aceptar que consuma lo que le apetezca, provenga de la naturaleza o del mercado.
En este pueblo el sistema de convivencia es otro. Fuera de mitos, se respira bondad y paz. La gente es servicial, generosa y comprometida y por fin, la naturaleza y el hombre aparecen integrados en el paisaje, sin que ninguno moleste al otro.
Independientemente de que se mantengan a través de la artesanía que compran los curiosos o de un trabajo de cualquier ámbito en la capital, los hippies aún existen porque existen sus valores. El amor y respeto a los demás seres vivos existe. Su música, sus inquietudes y sus inetereses sobrevivieron a la generación de los sesenta y criticados o no, es evidente que el mundo funcionaría mejor bajo sus premisas de vida.
Noelia Vera.
La danza de los esclavos
Salvador de Bahía y Recife, Brasil.
En cada lugar de Brasil se puede respirar la herencia africana consecuencia del tráfico de esclavos que Portugal llevó a cabo en la época colonial. Esto se hace todavía más palpable en ciudades del litoral del país, como Salvador de Bahía o Recife, que históricamente han funcionado como puntos portuarios donde llegaban barcos cargados de esclavos procedentes de África. Por ello, actualmente este país contiene una fuerte presencia de la cultura africana. Este es el caso de la Capoeria, una expresión cultural y artística que practicaban los esclavos en secreto como forma de resistencia a la opresión. Con el fin de la esclavitud, muchos libertos formaron bandas criminales debido a la escasez de empleo y esta danza multifacética, que engloba música, expresión corporal, arte marcial o lucha, se asoció con el tiempo a actividades criminales. Por ello, en 1890 la Capoeria fue prohibida en Brasil y los castigos por realizarla eran tales como el corte de los tendones de la espalda y de los pies. La caoperia se practicó clandestinamente hasta que, gracias a los esfuerzos del Mestre Bimba y del Mestre Pastinha que abrieron las primeras academias de capoeria, en 1937 fue declarada el deporte nacional del Brasil. Actualmente, hay escuelas en todos los continentes, y miles de practicantes danzan al ritmo del berimbau en las rodas. Un maestro en la plaza de Sao Pedro, en Recife antiguo, nos cuenta que la capoeria no solo se practica en escuelas, sino que sigue manteniendo su origen de clase media-baja y siempre surgen rodas improvisadas en las calles de la ciudad. Él insiste en que la capoeria no es una forma de lucha o una pelea, sino una danza y una forma de expresión corporal.
"Os negros usavam a Capoeira
para defender sua liberdade"
Mestre Pastinha
Alma Toranzo
En cada lugar de Brasil se puede respirar la herencia africana consecuencia del tráfico de esclavos que Portugal llevó a cabo en la época colonial. Esto se hace todavía más palpable en ciudades del litoral del país, como Salvador de Bahía o Recife, que históricamente han funcionado como puntos portuarios donde llegaban barcos cargados de esclavos procedentes de África. Por ello, actualmente este país contiene una fuerte presencia de la cultura africana. Este es el caso de la Capoeria, una expresión cultural y artística que practicaban los esclavos en secreto como forma de resistencia a la opresión. Con el fin de la esclavitud, muchos libertos formaron bandas criminales debido a la escasez de empleo y esta danza multifacética, que engloba música, expresión corporal, arte marcial o lucha, se asoció con el tiempo a actividades criminales. Por ello, en 1890 la Capoeria fue prohibida en Brasil y los castigos por realizarla eran tales como el corte de los tendones de la espalda y de los pies. La caoperia se practicó clandestinamente hasta que, gracias a los esfuerzos del Mestre Bimba y del Mestre Pastinha que abrieron las primeras academias de capoeria, en 1937 fue declarada el deporte nacional del Brasil. Actualmente, hay escuelas en todos los continentes, y miles de practicantes danzan al ritmo del berimbau en las rodas. Un maestro en la plaza de Sao Pedro, en Recife antiguo, nos cuenta que la capoeria no solo se practica en escuelas, sino que sigue manteniendo su origen de clase media-baja y siempre surgen rodas improvisadas en las calles de la ciudad. Él insiste en que la capoeria no es una forma de lucha o una pelea, sino una danza y una forma de expresión corporal.
"Os negros usavam a Capoeira
para defender sua liberdade"
Mestre Pastinha
Alma Toranzo
La Cartelera Ska, con la música a otra parte
Paraty, Brasil.
Partieron de la Córdoba argentina con la pasión por la música como denominador común. Nueve talentos, nueve viajeros, nueve músicos que, lejos de interesarse por una vida económicamente placentera, tomaron la decisión de ir a Brasil a mostrar la mezcla de ritmos africanos y latinoamericanos ya plasmados en su último disco: "La Cartelera y sus limones domingueros".
La banda, que cumple por estas fechas diez anos, asegura que la única filosofía que les caracteriza se basa en la comunicación y en el constante aprendizaje.
"Cada uno trata de aportar lo que sabe, si hubiesemos comenzado con esto para hacer dinero no hubiesemos durado ni tres meses. Si seguimos aquí es porque lo único que nos importa es mantenernos para seguir haciendo música", aseguró a Voces de América Latina "El Bicho", vocalista del grupo.
En su segundo trabajo, formado por 16 temas de sonidos "autóctonos" y "diferentes", la banda apuesta por una mixtura entre el folclore de África, que según El Bicho es "la madre de todos los ritmos" y la música latina y argentina, como la cumbia o el cuarteto, típico de su ciudad natal.
"Lo que intentamos es que nuestra música suene nuestra, no importa que venga de Africa, de Argentina, de Colombia o de Brasil", anadió el cantante.
En cuanto a la gira, que les llevará durante más de tres meses por Brasil y que ha sido autogestionada por los propios integrantes de la banda, aboga por una oportunidad para observar y aprender del país latinoamericano con más influencia afro.
"El destino nos ha traído a Brasil y lo que queremos es aprovechar para aprender cosas nuevas, pero el objetivo sería hacer una gira por toda América Latina", dijo a Voces "El Cuervo", percusionista del grupo.
Así, paseando por la plaza de Paraty entre sonidos de percusión afro brasilera, se oye a lo lejos desde un bar algo diferente, diez instrumentos provinientes del conocimiento de nueve músicos argentinos que más allá de conseguir atraer la atención de lugarenos y turistas, a bien entrada la noche ya han logrado que todos muevan los pies y las caderas a ritmo de cuarteto cordobés.
Noelia Vera
12 de enero de 2010
Dos caras de la misma moneda
Paraty y Búzios, Brasil.Paseemos por Paraty. En este pueblito situado a unos 250 kms al sur de Río de Janeiro aún se respira la historia. Entre sus pequenas calles con casas bajas y suelos de jabón (llamado así por sus grandes piedras que nos recuerdan a jabones) y el río que las bordea, uno se puede imaginar que está en la época colonial. Los portugueses hallaron en Paraty un sendero utilizado por los indios goianás que se convirtió anos después en el Camino del Oro y que unía en cuarenta días Río con Minas Gerais. Así a partir de 1695, cuando se descubren las minas de oro y diamantes Paraty se convierte en el segundo puerto de Brasil. Este lugar tan hermoso por su arquitectura colonial y el predominio del color blanco se encuentra en la región de Costa Verde y está rodeado de un millar de islas con un paisaje selvático y montanoso muy llamativo, además de maravillosas playas como las de Trinidad o Isla Grande. Todo esto sumado a que permanecen relativamente protegidos del turismo de masas por su situación, hacen de esta región un pequeno paraíso perfecto para pasear, descansar y disfrutar de bellísimos paisajes y playas espectaculares.
Alma Toranzo
La dulzura de lo bohemio
Por suerte para el mochilero, todas las grandes ciudades esconden algún rincón donde uno puede sentirse parte de lo exótico del lugar. Sitios donde las fronteras, las características propias del turista y la razón quedan en un segundo plano casi difuminado. Existen recovecos urbanos, como el barrio Santa Teresa, donde solo se permite sentir y disfrutar la dulzura de lo bohemio.
Y el caso es que aunque la comunicación boca a boca sea, por excelencia, la peor enemiga de los lugares con encanto, la multitud no ha podido acabar aún con el que se desprende de estas pedregosas, empinadas y coloridas calles del centro de Río de Janeiro.
Aquí al extranjero se le permite dejar de serlo. Durante unas horas puede disfrutar del lujo de dejar su cámara, sus sandalias y sus cuatro ojos por y para la propia seguridad a un lado y mover los pies, como por arte de magia, al son de la samba del pueblo. Puede gozar del rico sabor de una caipirinha con maracuyá a precio local sin localizar un pasaporte similar a diez cuadras a la redonda.
En Santa Teresa no hay lugar para las apariencias, para los escaparates o para las tiendas de souvenirs que contaminan al Cristo Redentor de Corcovado. Ser humano. Ser humano es lo único que cuenta en Santa Teresa.
Noelia Vera.
"Dejad que la multitud se acerque a mi"
El Cristo Redentor abre sus brazos a los miles de visitantes que recibe diaramente, convirtiéndose en uno de los símbolos turísticos más conocidos del mundo. El 2 de enero, tras varios días nublados y lluviosos y mucho nerviosismo general porque esto pudiera estropear el espectáculo de fin de ano, salió el sol; una condición necesaria para ver la espectacular construcción del Cristo Redentor y las maravillosas vistas que se contemplan desde los 710 metros que tiene el Corcovado. Por ello los dos millones de personas que se estima que fueron a Copacabana el 31 de diciembre, decidieron ir a disfrutar de este referente turístico ese día.
A lo largo de la jornada fueron llegando miles de turistas al Corcovado. Si esta afluencia de personas no viene acompanada de una buena organización es cuando llegan los problemas: un calor difícil de soportar, interminables colas y mucha desesperación. Tras varias horas de colas que parecen no tener fin el turista consigue llegar a la cima de la montana, donde el Cristo descansa con sus brazos abiertos. Y alrededor de él podrá encontrar usted restaurantes, tiendas, escaleras mecánicas y miles de personas chocándose entre sí para sacar una foto y para contemplar las vistas panorámicas de la ciudad.
Esto es lo que provoca que un lugar con una belleza tan especial se convierta en un punto turístico tan reconocido: no poder disfrutar de ello por la contaminación visual de comercios y restaurantes y por la masificación extrema.
Alma Toranzo
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