14 de febrero de 2010


Brasil.

Más de 190 millones de habitantes en más de más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados dan para mucho, pero en ocasiones los estereotipos están fundamentados. En Brasil, país en auge mediático internacional desde la toma de posesión de su presidente, Lula da Silva, la gente se pone hoy el disfraz después de un año de espera para dar pistoletazo de salida al Carnaval 2010.
En realidad, es el resto del mundo el que espera este momento desde hace 365 días, los brasileños ya llevan varias semanas festivas con el precarnaval como excusa.
Y es que, a pesar de los mitos, ellos siempre encuentran un motivo para celebrar y olvidar a través de ritmos como la samba y el reggae los problemas sociales de su país.
La mezcla del calor y de la caçacha, la bebida nacional, deben ser los responsables de la extrema sensualidad de los brasileños, para quienes el cuidado del cuerpo a través del ejercicio y la alimentación es una prioridad.
En este país multiétnico, con más de 10 millones de habitantes de raza negra y unos 65 más de mulatos, según el último censo realizado en 2000, Àfrica también está presente. La capoeira, antigua danza de los esclavos, convive con la pasión blanca por el fútbol, siendo ambas un símbolo nacional.
Los descendientes africanos siguen representando, sin embargo, el 63,3% de la pobreza del único país de habla no hispana de América Latina, integrados en su mayoría en las favelas y barrios periféricos de las grandes ciudades.
Los problemas de violencia, drogadicción y bajos recursos, ligados al fuerte sentimiento católico de la población no han sido, no obstante, impedimento para el importante avance de la diplomacia brasileña, que ha conseguido que este país sea sede del próximo campeonato mundial de fútbol y de los Juegos Olímpicos de 2016.
La conjugación de los problemas autóctonos y la solventación de ellos solo se explica con la presencia de la energía positiva brasileña, conocida como axé, que sale desde dentro de los corazones de sus habitantes para hacer que la vida se vuelva cada día un poquito más amable.

Alma Toranzo y Noelia Vera.

Tesoros de la Historia

Belem, Brasil.

Jani Peisce buceaba un día más cuando se topó con un navío holandés desaparecido en aguas brasileñas en el siglo XVII. Orgulloso de su hazaña entró rápidamente en contacto con la Marina de Brasil, que tras estudiar los cinco cañones de bronce, las 36 monedas de plata y el resto de reliquias descubiertas, acabó donándolas a un par de museos de historia nacional.
"Es un orgullo para mi aunque no esté pagado porque si no es por este tipo de cosas, nuestra historia se pierde", aseguró a Voces de Amèrica Latina Peisce.
Desde entonces, este pescador de 33 años tiene como misión encontrar los restos del Santa Clara, otro viejo barco de exploradores europeos que contiene en su interior, según las leyendas callejeras, 17 toneladas de oro que Peisce tendría que repartir de forma obligatoria entre los socios de la Asociación de Buceadores de Brasil y el propio Estado de este país.
No conforme con la política que rige este asunto, el "buscatesoros" opina que la piratería en los ríos amazónicos existe porque "la marina no sólo no ayuda a los descubridores, sino que les persigue, los multa y los encarcela" para controlar el uso indebido de los objetos encontrados.
Aunque en su primer hallazgo no fue acompañado ni por la suerte ni por los beneficios económicos, Peisce sigue convencido de que bajo estas aguas en continua exploración se encuentra tanto el próspero futuro, como el orgullo de su hija pequeña.

Noelia Vera.

Sabores Tropicales


Manaos, Brasil.
Rojo, verde, amarillo o naranja son algunos de los colores de las múltiples frutas que podemos encontrar en Brasil. Y tan característicos como sus colores son sus tamaños y sabores. El mango, el melón o la papaya son algunas de estas frutas tropicales con un sabor tan especial. Pero si hay algo que destaca entre todos estos variantes es el açaí, un fruto puramente amazónico que crece de una palmera conocida con el nombre de palma manaca y que se toma de muy diversas maneras, tanto como bebida, como dulce o helado.
En Brasil toman todas estas variedades de fruta a todas horas, tanto solas como en zumos. Es por eso que que podemos encontrar en cada rincón del país puestos en los que venden frutas en la calle o comercios en los que ofrecen todo tipo de zumos.
Esto, junto con la feijoada (un plato compuesto de arroz, espaguetis, frijoles y carne), componen la dieta principal brasileña.

Por Alma Toranzo