
Buenos Aires, Argentina.
La Villa 31, el barrio marginal más popular de Buenos Aires, se acerca cada vez más al protagonismo internacional de las Favelas brasileñas saltando a la palestra mediática semanalmente por escándalos vinculados a la violencia, a la prostitución o al narcotráfico. Situada en pleno centro de la ciudad, entre rascacielos y terminales concurridas de turistas, la Villa de Retiro se convierte, en definitiva, en una burbuja de 30.000 personas no recomendada para la clase media.
Entre tanto problema cotidiano, sin embargo, se encuentra la vida de cientos de jóvenes y adolescentes que sueñan con salir de la zona y como en cualquier otro barrio, los niños le pegan patadas al balón imáginandose ser Leo Messi y las niñas se visten talentosamente para caminar entre adoquines que simulan ser una pasarela europea.
Guido, un modisto boliviano y residente en el barrio, pensó en que esas chicas podrían tener una nueva perspectiva de vida si se les brindaba la oportunidad de aprender a desfilar.
Así, en un corredor de cemento de apenas un metro de ancho rodeado de maderas y algún maniquí maltrecho por el camino, las jóvenes, de entre 8 y 18 años, comenzaron a echar a rodar su sueño de llegar a la portada de las revistas.
Y viéndolas ensayar, mientras oía el ir y venir de los turistas en la estación de autobuses colindante, no pude dejar de preguntame si era mejor abrirle los ojos o hipócritamente dejarlas imaginar que algún día cambiarian sus casas de hojalata por un ático en los rascacielos de en frente.
Noelia Vera

