30 de enero de 2010

Aún se puede ser hippie



Salvador de Bahía, Brasil.

Allá por 1960 un grupo de anti capitalistas encontraron su pequeno paraíso independiente a tan sólo 60 kilómetros de Salvador de Bahía, capital de la percusión brasilera. Así, 40 casas hechas de madera y hojas de cocotero se instalaron en medio de una playa desierta que, a pesar de la afluencia de turismo mochilero neo hippie, aún mantiene su axé (energía positiva).
No es de extranar que ídolos del hippismo sesentero como Janis Joplin decidieran esconderse entre las montanas de arena blanca y fina de esta aldea, ni que inevitablemente en 2010, haya acabado por aparecer en las guías turísticas de este país.
Criticados por considerarse independientes mientras frecuentan los hipermercados del pueblo más cercano para hacerse con los productos del sistema, la comuna hippie más antigua de América Latina ha conseguido la acpetación de la mayoría salvadorena por seguir un modo de vida relacionado únicamente con el respeto, tanto al prójimo como a la madre naturaleza.
"Yo llevo 21 anos viviendo en esta playa y todo el que quiera puede quedarse en mi casa a pasar cuánto quiera", dijo a Voces de América Latina "Indio", uno de los habitantes más veteranos de la aldea.
"Hay algunos que cobran a los que quieren quedarse, pero en mi casa todo es gratis, esa es la filosofía de vida que aún nos mantiene y por la que venimos luchando desde hace tanto tiempo", anadió.
Y respetar implica respetar que el visitante que llegue a la aldea pueda quedarse unos días gratuitamente para entrar en equilibrio con la "pacha mama" siempre y cuando no moleste a nadie. También implica aceptar que consuma lo que le apetezca, provenga de la naturaleza o del mercado.
En este pueblo el sistema de convivencia es otro. Fuera de mitos, se respira bondad y paz. La gente es servicial, generosa y comprometida y por fin, la naturaleza y el hombre aparecen integrados en el paisaje, sin que ninguno moleste al otro.
Independientemente de que se mantengan a través de la artesanía que compran los curiosos o de un trabajo de cualquier ámbito en la capital, los hippies aún existen porque existen sus valores. El amor y respeto a los demás seres vivos existe. Su música, sus inquietudes y sus inetereses sobrevivieron a la generación de los sesenta y criticados o no, es evidente que el mundo funcionaría mejor bajo sus premisas de vida.

Noelia Vera.

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